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INTRODUCCIÓN


1.- La cámara

Es la herramienta fundamental, que aun no siendo el fin mismo de la fotografía, nos emociona cogerla y nos hace vibrar al escuchar cada disparo. Sin ella estaríamos perdidos.

Podemos dividir la cámara en tres partes fundamentales: cuerpo, caja en la que se alojan los distintos mecanismos de la cámara; visor, ventana por la que se observa la imagen y nos permite la composición; objetivo (óptica), que se encarga de que la película o sensor de imagen reciba los rayos de luz.

Las cámaras se integran en dos grandes grupos:

- Compactas: aquellas que tienen un tamaño y peso contenido, para facilitar su transporte, pero no permiten el intercambio de sus ópticas. Su visor en la mayoría de los casos será directo.

- Réflex o SLR (single lens reflex): cuenta con un visor tipo reflex, que nos facilita la visión directa a través de la óptica, siendo ésta intercambiable, pero con el inconveniente de su elevado peso, y mayor coste económico que las cámaras compactas.

Aun así, existen modelos que no se encuentran cómodos en ninguna de las dos clasificaciones anteriores. Como en el caso de las telemétricas que, aun disponiendo de visores directos, si permiten el intercambio de ópticas, como son las Leica serie M, Contax G, Konica Hexar, por poner algunos ejemplos.

La elección del modelo adecuado va depender del uso al que la destinemos, y de nuestras preferencias.


Leica Digilux (digital)Leica Minilux (soporte químico) 


2.- El soporte químico o digital.

El soporte sobre el que la cámara recoge la información transmitida por la óptica puede ser químico, como es la película fotosensible a la luz, que se requiere un proceso posterior de laboratorio para obtener la foto final. O soporte digital, consistente en un sensor compuesto por un chip integrado por una cuadrícula de transistores fotosensibles, que con la ayuda de un convertidor analógico-digital interpretará la luz recibida, para formar así una imagen digital, que se almacena en una tarjeta de memoria.

Ambos modos de fotografía, química (mal llamada analógica) o digital tienen por finalidad recoger la información que brinda la óptica de la cámara para dar como resultado la foto, dos formas con un mismo fin.


3.- La composición.

El fotógrafo ha de poner un especial énfasis en la composición, ya que ésta dirá mucho de él y de su forma de ver las cosas. Habrá que tener en cuenta una serie de factores, que en su conjunto darán lugar a la composición deseada, entre los que destacamos:

- El encuadre, que consiste en enmarcar la escena que se desea fotografiar, tarea que realizaremos a través del visor o pantalla LCD, para determinar los límites de la propia foto, consiguiendo aislar el tema del contexto que lo rodea. En definitiva, se trata de tener el control sobre lo que debe y no debe aparecer.

- El ángulo de toma, que nos permitirá causar diferentes impresiones con tan solo realizar un punto de vista elevado (picado), centrado o a ras de suelo (contrapicado).

- La profundidad de campo, que nos ayudará a destacar el motivo principal de la composición.


4.- La luz.

El elemento primordial, no en vano la fotografía se basa en el hecho de recoger la luz que los objetos reflejan. Todo lo que registra la cámara se debe a la luz. Ésta puede ser natural o artificial.

La importancia de la iluminación es tal, que el interés de un motivo variará enormemente en función del tipo de iluminación. No es lo mismo fotografiar al amanecer, que hacerlo al mediodía, o al atardecer.


5.- La exposición.

El tiempo de exposición se controlará a través del diafragma y la velocidad de obturación, así:

- El diafragma controlará la cantidad de luz que atraviesa el objetivo, al tratarse de una apertura regulable, cuanto menor es el número (2,8; 4; 5,6; 11; 16...) mayor es la apertura, y por tanto mayor cantidad de luz pasará a través del objetivo. El valor del diafragma puede influir decisivamente sobre la profundidad de campo.

- El obturador actúa a modo de persiana, controlando así el tiempo en el cual la luz se proyecta sobre la película o sensor de imagen. Habrá de tenerse en cuenta la velocidad de obturación para evitar fotografías “movidas” o para “congelar” el movimiento del motivo a fotografiar.

Si controlamos la cantidad de luz nos dará como resultado una fotografía equilibrada, ni clara (sobreexpuesta), ni oscura (subexpuesta).